Cuando Yogg Saron se convierte en la única Esperanza

El RNG puede salvarte o destruirte.

Muchos se quejan del elevado componente de azar que hay en juegos como Hearthstone. A más de uno, el RNG le habrá jugado una mala pasada, pero es innegable que regala momentos gloriosos.

Hay cartas que se basan precisamente en eso: el azar. La clásica Evolución necesita una ligera ayuda de la diosa fortuna, pues podría hacer que la tostada caiga para el lado que no es. Lo mismo sucede con la Involución o el Libro de hechizos, conjuros impredecibles que cosechan amor y odio por igual.

Aunque hay una carta que va mucho más allá de lo conocido. Un esbirro que convierte el azar en el único clavo ardiendo al que uno puede agarrarse. Se trata de Yogg Saron, el Fin de la Esperanza, cuyo nombre indica a lo que te estás enfrentando. En algunos momentos podría ser precisamente lo contrario, una especie de premonición a la que, te guste o no, deberás atenerte sin remedio.

Que se lo digan a Thijs Molendijk, ávido jugador de Hearthstone que ha sufrido en sus propias carnes a esta deidad intergaláctica. Más bien disfrutó de ella, porque si no fuese por su impredecible duende, Molendijk habría mordido el polvo.

Yogg Saron, un hilo de Esperanza

Yogg Saron es ese esbirro que lanza una cantidad hechizos aleatorios igual a los que hayas lanzado en la partida. Negocio arriesgado, desde luego, algo así como una ruleta rusa. Un recurso bastante divertido en el caso de que sea tú única posibilidad.

La cosa es que Molendijk se había encontrado con un callejón sin salida. Con tan solo un punto de vida, debía lidiar con una mesa peligrosa. Por no hablar de que debía reducir la vida de su oponente a cero. Y ahí fue donde Yogg Saron demostró su valía.

En medio de una retahíla de hechizos sin ton ni son, saltó un Volcán para dar más poder al azar. Lo gracioso es que la dichosa erupción hizo su trabajo a la perfección, regalando a Molendijk una victoria sobre la bocina.

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