Apex Legends Portada

El ser humano desde sus inicios es homo ludens o dicho de otra manera hombre que juega. Esto se tiene en cuenta cuando estamos jugando y nos introducimos de lleno dentro del mundo virtual, el mundo que nos rodea se toma un descanso y nos centramos en lo que ocurre dentro de la pantalla en la guerra de Apex.

De esta manera, podemos enriquecer nuestra experiencia jugable a través de herramientas como los cascos o el sonido que puede escucharse mientras jugamos en el mando de ps4.

El mundo ambiental de Apex, viviendo el juego

¿Qué sería de un videojuego sin sonido? ¿qué sería de Apex sin sonido? La respuesta a estas dos preguntas es simple, el juego perdería un sentido enorme. Al colocarnos los cascos o si preferimos escuchar el sonido del juego a través de la pantalla (aunque esto suponga menos inmersión), sentimos el sonido ambiente, el aire, los pasos de los enemigos, la comunicación entre personajes, las balas o el recargar de las armas.

El conjunto de efectos de sonido y la música de comienzo forman parte de la unión de todos estos detalles que crean un mundo y un entorno de juego aun más realista. Si lo enfocamos con un punto de vista filosófico ¿por qué somos conscientes de que existimos en el mundo real? Pues he ahí la clave sobre la cuestión. Podemos vivir el videojuego más intensamente gracias a que nos ayuda a enriquecer nuestra existencia en un mundo virtual imitando los efectos de la realidad, potenciando a través del juego los sentidos propios como el oído o la vista.

Una perspectiva más filosófica

En este apartado hago una referencia a un anime old school llamado Serial Experiments Lain, donde una estudiante de secundaria llamada Lain Iwakura, toma una profunda inmersión dentro del mundo virtual, potenciando así sus sentidos y cuestionándose la existencia del ser humano tanto en la vida real como en la vida virtual.

Hasta aquí tenemos el arranque tan enorme de inmersión que nos puede llegar a ocasionar el videojuego, concretamente Apex. También ocurre que, este fenómeno puede causar rechazo a nuestros padres o personas adultas que están mucho más alejadas de la tecnología. A fin de cuentas, hay que adaptarse a la misma y comprender que nuestro cerebro y el mundo virtual, como la comunicación misma, se reducen a simples manejos de datos, a conexiones sinápticas e impulsos eléctricos.